De repente un timbrido anuncio
que el recreo había terminado y que todos los alumnos debíamos volver a
nuestras respectivas clases. A pesar de que la siguiente clase era historia y
era mi asignatura favorita, sabía que me
sería imposible concentrarme. Hoy estaba teniendo un día pésimo. Pero a pesar
de todo entré a clase, concienciada de que no me iba a distraer con cualquier
tontería que me dijera Carlos en mitad de clase. Ni siquiera pensaba abrir sus
notitas. Me prometí no maltratarme a mi misma haciéndolo, porque sabía que
luego estaría peor. Entré y me senté junto a Mica en una de las últimas mesas
en la fila de la derecha. No me apetecía que la profesora me viese distraída,
pues era la única asignatura que se me daba bien. A si que me acomodé y me
limite a callar y mirar al frente. Terminaron de entrar los alumnos más
atrasados.
-Eh Sophie._susurró Mica_ Carlos
no está.
-¿Qué?_pregunté.
-Que Carlos se ha debido de
largar en la hora del recreo. No ha venido a clase de historia.
-Que haga lo que quiera._ dije
entrecortada_ Seguro que se ha ido de escapada romántica con la morena aquella.
-Bueno…si tú lo dices._dijo
preocupada.
La cara de Mica anunciaba que
algo estaba ocurriendo. Se le nota a la legua cuando le pasa algo y este era el
momento.
-¿Por qué pones esa
cara?_pregunté
-No sé…Tengo la sensación de que
algo no va bien.
-Algo…¿sobre qué?_cuestione
intrigada.
-Pues que Carlos no se salta las
clases nunca Sophie. Bien que sea un descarado y que no le importen los
estudios, pero su padre le obliga a venir a clase. Y hasta ahora nunca ha
faltado.
-Pues algún día sería la primera
vez ¿no?
Giré la cara y seguí mirando
hacia el frente. La idea de que a Carlos le hubiese sucedido algo era descabellada.
Sabía perfectamente que se había largado con aquella morena. Pero seguía
habiendo algo dentro de mí que me hacía preocuparme por él. Las palabras de
Mica me hicieron recapacitar ¿Y si realmente le había pasado algo? No, seguro
que no. Debía estar tranquila y en cualquier caso; él no se merecía que
estuviera preocupada por su estado. No se lo merecía. Si se había saltado la
clase era problema suyo. Tal vez, se había enamorado de aquella chica y había
decidido marcharse de casa con ella. Aunque eso sí que era improbable.
¿Carlos?...¿enamorado? Imposible.
Abrí la carpeta y comencé a dibujar cosas sin
sentido. Unos pocos garabatos que sacaban lo que tenía dentro en esos
instantes. Estaba empezando a concentrarme cuando un papelito me dio de pleno
en la cabeza. ¿Un papelito? No tenía ni idea de quien era. El único que solía
mandarme notitas en clase era Carlos y no estaba. ¿Quién podía haber sido el
remitente de aquella nota? Decidí abrirla. La desdoblé y pude ver una
caligrafía perfecta en color verde.
“¿Qué te parece si quedamos un
rato esta noche y tomamos algo? Así vuelvo a intentar animarte. Aunque no sé si
podré, me lo pones difícil.”
Del susto me levanté. Y me giré a
ver quien había podido ser el autor de aquella nota. A lo lejos, pude ver la
perfecta sonrisa de Esteban. Me sonreí a mi misma. Pero mi felicidad solo me
duró unos escasos segundos. Una mano se posó sobre mi hombro y me lo apretó. La
sonrisa de Esteban se difuminó, al igual que la mía.
-Señorita ¿qué se supone que está
haciendo?_dijo la profesora con temple serio.
-Eh…yo_ susurré.
-¿Usted qué?_me preguntó_ Váyase
de mi clase ahora mismo, y para mañana reflexiona usted en veinte líneas lo que
molesta a los compañeros levantándose en medio de clase.
Me quedé ahí plantada inmóvil.
Todos los alumnos de la clase me miraban, incluso algunos se reían. Recogí mis
cosas y me dirigí fuera del aula.
-No pensaba que era usted del
tipo de alumnos que molestaban en clase._dijo la profesora enfurecida.
Abrí la puerta y me deslicé tras
ella. Salí al recreo y me senté junto a unas grandes macetas llenas de rosas.
Ese olor me encantaba, era mi flor favorita. Ese lugar me inspiraba gran
tranquilidad. El sol me daba en la cara como esta mañana cuando me desperté
tras esa pesadilla. La verdad es que ahora estaba demasiado cansada. Tenía
ganas de llegar a casa y largarme un poco de mi realidad. Comencé a pensar en
la nota de Esteban. Ese chico cada minuto me sorprendía más. Era más atrevido
de lo que parecía. Pero ahora debía buscar las palabras apropiadas para decirle
que no podía quedar con él. No porque no quisiera, sino porque ya había
quedado, con Mica y con ese personaje misterioso que tanto me intrigaba
conocer.