-¡Cariño mío que es esa cara de
perro!_gritó Mica mientras entraba por la puerta del baño_ El partido acaba de
terminar y pensaba que te pasaba algo y he venido.
-Muchas gracias Mica pero no me
pasa nada, estoy perfectamente_ susurre secándome la última lágrima que caía de
mis ojos.
-¿Seguro?_preguntó_ Pues yo diría
que mi pequeña ha estado llorando.
- Que no Mica enserio, estoy
genial. Es más…tengo unas ganas impresionantes de irme de fiesta._le confesé
esbozando una sonrisa.
Micaela e incluso yo misma,
sabíamos que no estaba bien. Pero preferí no confesarle la verdad. Soy de ese
tipo de personas, que cuando se sienten mal o tienen un problema lo evitan. Sé
que evitándolo nunca desaparecerá, siempre seguirá doliéndome ese amor que
sentía y que era completamente equivocado. Pero sentía como si pensándolo un
poco menos, se fuera un poco de mí; aunque sabía que eso era probablemente
imposible.
-¿Enserio?_preguntó abriendo los
ojos_ ¿Qué te parece si quedamos esta noche en algún bar de ambiente?. Hay uno
cerca de mi casa que está bastante bien.
- ¡Me parece perfecto¡ Pero no sé
si a mi madre le parecerá bien._ dije con voz entrecortada_ Al fin y al cabo
solo tenemos diecisiete años recién cumplidos…
- Sophie…Tu madre te dejará
seguro, y si hace falta la llamo yo y le suplico.
- Bueno en ese caso…Me parece
bien.
-Además…quería presentarte a
alguien._me confesó casi sonrojándose.
-¿Me quieres presentar a
alguien?_pregunté sorprendida._¿A quién?
-Es una sorpresa, ya lo verás…
-Siempre tan misteriosa…_la miré
con cara de enfadada_ Va, dime quien es. ¿Te has buscado una amiga nueva? ¿Es
tu novio?
-Y luego me dices a mi
pesada._dijo mientras me golpeaba el hombro_ Lo único que te diré, es que es
una persona muy importante para mí.
-Mmm...Creo que mi mejor amiga se
ha echado novio y no me lo ha dicho…
Micaela no respondió. Y no porque
no quisiese sino porque media docena de chicas entró en los baños del gimnasio
interrumpiéndonos. Todas con pompones y vestidas al unísono de rojo. Sí, las
animadoras entraron y ocuparon todos los lavabos de aquel baño de chicas y
comenzaron a maquillarse.
-¿Tú eres la patosa
aquella?_soltó una castaña con mechas rubias que estaba lavándose la cara.
-Claro que es ella jajaja_ rió
otra animadora mientras me miraba desde el espejo_ Nunca podré olvidar su cara
llena de barro.
-Desde luego que Carlos se lució
aquel día_ respondió la castaña_ Se nota que juega en el equipo de fútbol.
A mí lo único que se me ocurrió
fue salir corriendo de aquel baño. Aquellas chicas estaban hablando de mí sin
ningún respeto. Debería de haberles dicho unas cuantas cosas pero no me atreví,
o tal vez me quedé sin habla. Tantos recuerdos malos me dolieron. No quisé ni
imaginarme la cantidad de risas que se habían echado Carlos y aquellas
muchachas refiriéndose a mí. En ese momento me repugnaba la idea de tenerle
cerca. No me cabía en la cabeza como podía gustarme una persona como él. Mica
vino corriendo por detrás y me agarró del brazo.
-Sophie, no les hagas ningún
caso…Ya sabes como son.
-No me importa nada sus palabras
Mica. Lo que me duele es haberle ayudado después de todo lo que me hizo ese
imbécil.
-Porque eres buena persona.
-No es lo mismo ser buena, que
ser tonta_ de nuevo mis ojos comenzaban a enrojecerse.
-Yo creo que en el fondo se dio
cuenta de que merecías la pena._confesó Mica.
Comencé a llorar, y esta vez
mucho más intensamente que en el baño. Micaela me abrazó, me meció sobre su
hombro. Por un momento me sentí sola y tremendamente estúpida. Después Mica se
separó de mí y sacó un pañuelo de su mochila.
-Toma, y ven…Vamos fuera del
gimnasio. Hay demasiada gente.
Ni siquiera me había dado cuenta
de que acababa de terminar el partido y que los jugadores de fútbol estaban
celebrando todavía la victoria en la cancha. Ambas salimos fuera del gimnasio y
nos sentamos en uno de los bancos del pasillo.
-Venga Sophie tranquilízate._me
suplicó._Voy a la cafetería a por una botella de agua ¿vale?
-Sí ve. Yo te espero aquí._dije
sollozando.
-Ahora vuelvo, que a este paso te
vas a deshidratar.
Micaela se marchó por aquel largo
pasillo. Mientras yo intentaba relajarme y dejar de pensar en todo lo que
acababa de ocurrir en aquel baño. Me soné los mocos y me levanté a tirar aquel
papel a la papelera. En ese momento solo se me ocurría desaparecer.
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