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A pesar de lo mal que nos vaya todo, siempre quedará la imaginación. Esa magia de creer en que los sueños se cumplan en perseguir nuestras expectativas. En encontrar la felicidad.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Capitulo 5


Cuando Mica se termino su limonada, recogimos nuestras mochilas y nos dirigimos al pasillo principal. Era un amplio pasillo con paredes de color blanco,  una britina llena de trofeos en el centro y unas cuantas macetas a lo largo del rodapié que le daban un aire más coloquial. Seguimos unos cuantos metros hacia adelante para llegar frente a la gran puerta del gimnasio. Al entrar, pude ver todas las gradas repletas de estudiantes. Casi todas chicas de unos años menos que nosotras, que venían a ver a unos cuantos chicos guapos jugar a fútbol como si en ello se les fuese la vida. Subimos a la cuarta fila y nos sentamos en una esquina al lado del pasillo. Desde arriba podía verse a nuestros compañeros de clase enfrascados en un juego contra unos chicos del instituto del barrio de al lado. También la mascota de nuestro instituto. Una gran ardilla color marrón cerezo vestida con un vestidito color rojo a conjunto con las animadoras.
-Que casualidad que ninguna animadora me caiga bien_dijo Mica.
-Bueno la chica esta…Sara, la de tercero. Tampoco me cae tan mal_afirmé
-Todas son iguales. Viven por y para su cuerpo, irse de compras y enseñar el culo en las fiestas de fin de curso.
Una carcajada de complicidad sucedió entre nosotras. Se puede decir que todas las animadoras de nuestro instituto, eran unas rubias estiradas. Por ser guapas, delgadas y tener vespa aparcada a la puerta esperándolas a diario, se creían más que nadie. Todavía nadie había cruzado más de dos palabras con ellas, solo se relacionaban entre sus bolsos de maquillaje con otras animadoras; bueno y con los chicos del equipo de fútbol claro. El día que llegué al instituto quise inscribirme en el club de animadoras, porque mi madre es bailarina de ballet, aunque ahora está en Paris y ya no me enseña sus magníficos movimientos, siempre ha intentado inculcarme la danza. Llegué convencida de iban a cogerme, pero resultaron ser unas bordes sin conciencia alguna. Me obligaron ha hacer una prueba de acceso para ver mi nivel. A lo que estaba realizando uno de los saltos finales. Un niño malcriado me dio un empujón.
-Las nuevas no entran al equipo de animadoras._refunfuño.
Tras el  empujón mis pies se resbalaron y caí de culo a un charco de barro que el agua de la manguera, que el consergue usaba para regar las flores, había hecho por casualidad justo detrás de mí. Era otoño y todavía no hacía mucho frío, pero mi vestido quedo totalmente empapado y mi pelo despeinado y manchado. Estaba de barro hasta las orejas y para colmo las animadoras suspendieron mi inscripción por patosa. Pero gracias a él conocí a Micaela, ella me ayudo a secarme y se ofreció a enseñarme el instituto. Desde ese instante, Carlos se volvió mi peor pesadilla. Me seguía a todas partes intentando que me saliese mal todo lo que me proponía. Me hizo la vida imposible. Hasta el día del accidente. Desde ese día pasamos de ser enemigos a tener una relación más o menos cordial. Fue un día en el que su moto se estampó con una farola justo frente a mi casa. Bajé a ver lo que ocurría, al ver que era él el herido me eche un poco para atrás. No se merecía mi ayuda, ni mucho menos. Iba con una chica morena muy guapa en la parte trasera. Al final llamé a la ambulancia y a sus padres, además de acompañarles al hospital. Gracias a Dios, salieron sanos y salvos de ese aparatoso accidente. Desde entonces, no ha vuelto a molestarme. Intentó acercarse a mi para que fuéramos amigos, y para pedirme perdón. Pero supongo que entonces ya era demasiado tarde. Un año no se olvida así por las buenas; aunque ahora ya estaba empezando a olvidar. No sé que fue lo que me atrajo de él ni que es lo que me tiene preocupada por si le pasa algo. Tal vez habrá sido ese maldito sueño. Pero supongo que Micaela tiene razón, a pesar de que intento odiarle, no puedo. Sigo teniendo la esperanza de que tenga algo en ese corazón vacío y un poco de humildad. Aunque todos mis intentos por sacarlo me han sido inútiles.
-¡Sophie, mira! ¡Corre! Mira a Carlos. ¿Quién es esa?
-¿Quién es quién?_pregunté asustada.
-Esa chica con la que está en el banquillo._dijo señalando.
-Pues otra novia que se habrá echado.
-Esa chica debe de ser nueva, nunca la he visto por aquí,_pensó
-Si te digo la verdad, no me importa.
Estaba ya harta de ver escenas como esta, y cada una con una chica diferente. Parecía que se las coleccionase para luego dejarlas tiradas. Intentaba hacer que no me importaba, pero en el fondo me dolía. Me dolía que le diese igual una chica que otra y que en el fondo no quisiese a ninguna. La chica morena le acariciaba la cara y el la cogía por la cintura. Estaría dándole suerte para el partido. Un fuerte pitido anuncio el descanso y me levante dirigiéndome al baño para lavarme la cara. Estaba cansada e incluso un poco dolida. Entré al baño y con las manos me humedecí la frente. Cuando levante la vista al frente y miré al espejo una pequeña lágrima me resbalaba por la mejilla derecha indicándome que estaba a punto de explotar. Ojalá Micaela tuviera razón y todo el mundo, incluso la persona más insensible que conocía y de la que estaba enamorada, tuviese sentimientos.

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